En el que cuarenta millones de personas:
1 – No se insulten
2 – Se escuchen
3 – Dejen que el otro acabe de hablar para intervenir
4 – No luzcan sus defectos, a veces vergonzosos, presumiendo de ellos y despreciando al que no los tiene, llamándole retrógrado y y el hombre de Neardenthal.
5 – No digan hoy, blanco, mañana, negro y al otro, gris botella, que no sé si existe, poniendo cara de que no mienten, en vez de empezar sus discursos con: <<Hoy voy a mentir más que ayer, pero menos que mañana>>
6 – Se responsabilicen de todo lo que hagan, en vez de echar la culpa al prójimo, sea el prójimo de este siglo, del pasado o del otro. Con esta táctica, cuantos más siglos pongo, más posibilidades hay de descubrir prójimos culpables y más disimulado quedo yo, que soy el único responsable de la situación.
7 – Se enteren de que las cosas les irán bien si ellos trabajan como locos y no si el estado les da un subsidio por ser jóvenes, por ser viejos, por ser de mediana edad, o parados, o no parados, etc.
8 – Se den cuenta de la estupidez que representan las manifestaciones exigiendo trabajo..!ya!, como si el trabajo !ya!, fuera algo que alguien está obligado a darles porque ellos no van a mover un dedo para conseguirlo.

Sacado del libro que estoy leyendo “La hora de los sensatos” de Leopoldo Abadía.